De "cárnicas", grandes "consultoras" y otros especímenes

Como recoge mi amigo David Santo en el siguiente post: “Negociando” un precio “Cuantas veces hemos vivido esto los que nos dedicamos a los servicios…”


y es que… es triste, pero cuando pasamos de tratar a las personas como personas, y a los proyectos como objetivos de calidad sobre las personas, por números, simples números, todo se convierte en inhumano, en frío, en triste y en desastre.
Por eso, y como dice también el amigo David:

“la última, hace menos de un año, con una de las “grandes” de la “carne” a kilo de la región (yamentendéis); intentando aplicar sobre mí sus técnicas “avanzadas” de negociación. Y aún alguno se pregunta porqué cada vez más me gusta trabajar con empresas/clientes finales, y menos aceptar subcontratas de consultoras…”

al final los trabajos de calidad, el de las pequeñas pero cumplidoras empresas y profesionales se hace más y más complicado.
Angel, en su post La relación cliente – proveedor: negociadores y regateadores lo expresa de una manera aún más clara:

Lejos de hacerme reir, este video me deja un sabor agridulce. Visto con humor tiene su gracia, pero en situaciones reales en las que hay gente jugándose el pan y empresas jugándose la supervivencia me maravilla que nuestro condicionamiento social sea suficiente como para no saltar la mesa, arrancarle la cabeza al energúmeno de turno y jugar a meterle lápices por la garganta a ver cuántos caben expresar educadamente nuestra repulsa ante tal trato y discontinuar nuestra relación comercial o profesional con el interfecto “

No suelen tener objetivos ni incentivos por reducir el precio de los proveedores, y aunque creen estar velando por el presupuesto de la empresa típicamente provocan más pérdidas que beneficios al centrarse, como veremos más adelante, sólo en el factor precio, y no en otros elementos menos tangibles de la oferta del proveedor (calidad, contenido, seriedad, confianza, experiencia…)

Se centran en reducir el margen de beneficio del proveedor, normalmente perjudicando así la calidad del servicio, en vez de mantener el margen y pedir otro tipo de mejoras en el servicio (soporte, formación, garantía…).

No construyen relaciones duraderas y de confianza con sus suministradores, que aprovecharán la mínima para clavársela y no les atenderán cuando vengan con crisis, prisas y urgencias.

Rompen a muchos proveedores, especialmente los pequeños que no pueden seguir el juego infinito de las rebajas, los impagos y los servicios grátis por la cara. Al final se quedan siempre los cuatro grandes de siempre que tragan con lo que les echen para mantener la cifra de negocio, sota, caballo y rey, y entonces se quejan de que los proveedores son un desastre.”

En este día...

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