En estos días nos levantamos a diario con escándalos de corrupción y/o favoritismo en universidades e instituciones públicas, pero… ¿cómo estamos con respecto al resto de países?

Aclaración para evitar malas interpretaciones.  Algunos conceptos los entrecomillo porque se suelen usar con bastante celeridad en el sentido del post, pero… me temo que son generalizaciones un poco tediosas.

Lo habitual es pensar que en los países del “primer mundo” hay menos corrupción que en los países “menos desarrollados”. Tiene más coherencia que en estados donde existe mejor distribución de la riqueza, buenos servicios sanitarios, alta esperanza de vida y el ejercicio de una democracia confiable, la gente estaría menos relacionada con casos de corrupción. Por eso es común entre los ciudadanos el pensamiento de que España sea un país “superior” a otros países iberoamericanos con respecto a la corrupción, porque a fin de cuentas, se trata de un país con todas las características del primer mundo, ¿no?  Pues… “va a ser que no” 🙁

Un adelanto para que nos vayamos poniendo en situación, ¿por qué continuamos sorprendiéndonos con alarmantes casos de corrupción como el del Caso Gürtel, innumerables diplomas, másters, títulos,….? Pues es porque, por desgracia, la corrupción es un mal que se expande aún entre las más sólidas democracias, y mientras que en España saltamos de escándalo en escándalo, países “en desarrollo”, como Chile, son los verdaderamente “superiores” en conservar sus sistemas económicos y políticos dentro de los estándares de transparencia que evitan la corrupción.

¿Es una falacia pensar que España es menos corrupto que sus compañeros iberoamericanos? ¿Qué motiva a un país “primermundista” y “democrático” a caer en la corrupción? Veámoslo a continuación.

La Corrupción en España continúa en alza desde el 2012

España nunca ha sido un país totalmente libre de corrupción. Cuando se realizó el primer Corruption Perceptions Index (Índice de percepción de la corrupción) en 1995, España apenas conservaba 43 puntos de los 100 que corresponden a los países más transparentes.

CorrupciónEl Índice de percepción de la corrupción (CPI) es un estudio realizado anualmente por la coalición Transparency International, la cual se encarga de recaudar la mayor cantidad posible de evaluaciones de expertos y encuestas de opinión que fundamenten un estimado de corrupción en cada país, sobre una lista de 180 países.

Considerando que, por tratarse de un delito que muchas veces es llevado a cabo o generado por los mismos representantes gubernamentales, no hay cifras oficiales de corrupción en casi ningún país del mundo, y este estudio se ha convertido en la fuente más confiable para determinar la corrupción en la modernidad.

En el último reporte publicado, correspondiente al año 2017, España se encuentra en el puesto número 42 de los 180 países (ordenados de menor a mayor corrupción) con una calificación de 57 puntos restantes de los 100 que debería tener para clasificar como un país no corrupto.

Podría dar la impresión de que ha mejorado, considerando que para el primer reporte (el de 1995) teníamos 14 puntos menos, pero no es así. Para el reporte de hace exactamente dos décadas, el de 1997, España ya había logrado mejorar su transparencia a una cifra de 59, o sea que en vez de mejorar, se ha estado mantenido prácticamente igual e incluso ha bajado dos puntos en dos décadas.

¿Se está haciendo algo para minimizar la corrupción? Pareciera que no. Al contrario, tal parece que el sistema de gobierno de los últimos 6 años más bien ha propiciado a que la corrupción aumente, pues de acuerdo a los reportes del CPI el puntaje obtenido por España ha descendido de 65 a 57 en este período de tiempo.

Aún recuerdo cuando en septiembre del año pasado regresaba a Costa Rica para colaborar en el proceso electoral de aquel país y veía como los medios hablaban constantmenete de la corrupción, pero aún más, fue el único tema de conversación en la agenda electoral hasta la irrupción de la resolución de la corte interamericana de derechos humanos sobre el matrimonio igualitario (jugada maestra en estas pasadas elecciones, que agitó todo el escenario político del país con todas la repercusiones que posteriormente se produjeron) en enero.  En varias entrevistas y eventos en los que participé durante el último cuatrimestre de 2017, siempre dije lo mismo, Costa Rica no es un país de Corrupción, más si lo comparamos con países de la Región, y que de los 13 candidatos que había, solo uno se aprovechaba de ello, que el resto de partidos y directores de campaña estaban en pánico y mientras más agitaban con el tema, más se inundaban.  Este Índice lo deja claro, Costa Rica está por encima de España y de otros muchos países, y la percepción que existía en el país, comparada con la situación en otros muchos países, estaba muy amplificada en el aspecto negativo.

Uruguay, Chile y Costa Rica lideran la transparencia iberoamericana

Aún así, Costa Rica sí tuvo un cambio relativamente negativo, pues contaba con 64 puntos hace dos décadas y hoy cuenta con 59; a pesar de ello demuestra estar batallando contra la corrupción, pues, al contrario de España, en los últimos 6 años ha subido su puntaje en vez de bajarlo, superando el 54 que tenía en el 2012.

Si es un error pensar que España es superior a sus pares iberoamericanos. Hoy en día España es superada en niveles de transparencia por tres países Iberoamericanos: Uruguay, Chile y Costa Rica. Uruguay tenía hace dos décadas (en el reporte de 1997) una calificación realmente baja, de 41 puntos, y para este último reporte cuenta con nada menos que 70 puntos, posicionándose como el país más transparente de toda Iberoamérica. Chile por su parte, alcanzaba 60 puntos hace dos décadas y hoy alcanza 67.

Todos estos son países aún “en vías de desarrollo”, cuyos gobiernos afrontan cientos de problemas económicos y sociales, y aun así logran mantener un buen nivel de transparencia.  ¿En qué radica la diferencia entre un país y otro para caer en la corrupción, si no se trata de las carencias socio-económicas?

La Corrupción Política, sutil pero peligrosa

Por supuesto, tampoco podemos afirmar que España sea un caso perdido en Iberoamérica. Hay casos mucho más graves, como el de Nicaragua, con apenas un puntaje de 26 en el último reporte, y por supuesto Venezuela, con un drástico puntaje de 18 (el más bajo de toda América). Pero es importante resaltar que estos países se encuentran atravesando graves conflictos políticos, por lo que es difícil e injusto compararles con España.

Por otro lado, los países más corruptos de Latinoamérica suelen estar afectados por lo que se conoce como “Corrupción sistémica”, que es aquella forma de corrupción en la que los mismos ciudadanos, especialmente empleados públicos, tratan de sacar partido de cuanto recurso del estado llegue a sus manos, desviando fondos y recursos de las instituciones en las que trabajan, poniendo a la venta productos que deberían ser gratuitos, y cobrando para agilizar servicios y trámites que de otra manera toman mucho tiempo en realizar. Básicamente, los ciudadanos se aprovechan de otros ciudadanos para sacar ganancia, y como son demasiadas personas implicadas en estos casos de corrupción, es muy difícil denunciar y hacer justicia. Incluso suele estar corrupto el mismo sistema judicial, por lo que podrían cobrarte altas sumas de dinero por apenas investigar (sin garantía de sancionar) un caso de corrupción.

Por suerte este no es el caso de España. Quizás no está totalmente exento de la corrupción sistémica; seguramente habrá uno que otro empleado público que acepte un soborno para que tu documento que necesita ser firmado dé un salto del fondo hasta el tope de la pila, pero no es la regla general. El mal que azota a España es la Corrupción Política, que quizás no parece tan grave como la sistémica, pero que a la larga va haciendo el mismo daño.

La corrupción política es aquella sostenida por los individuos que se encuentran en el poder. Secretarios, ministros, alcaldes, concejales,… cualquier persona con acceso a recursos del estado y la cantidad de autoridad suficiente como para silenciar a los testigos y desviar los fondos para lo que mejor les convenga, como erigir empresas propias o financiar partidos políticos de forma ilegal.

Este tipo de corrupción es sumamente sutil, y puede estar ocurriendo durante largos años sin que salga a la luz pública, y es justamente esto lo que la hace tan peligrosa. Está sustentada principalmente por la escasez de leyes que obliguen a los altos funcionarios a rendir cuentas sobre los gastos de los recursos públicos, sumado a la censura encubierta que puede efectuarse sobre los medios de comunicación y periodistas que se avoquen a investigar los casos de malversación de fondos.

Así pues, mientras unos cuantos de lucran de los fondos del estado, algunas instituciones públicas cuentan con menos recursos, algunas estructuras son construidas con menor calidad que la esperada, o se cancelan planes sociales de gran importancia para los menos favorecidos.  ¿Les suena como se fueron perdiendo algunos de los grandes logros de la “España o Estado del Bienestar”?

Pero a diferencia de la Corrupción Sistémica, la Corrupción Política sí se puede denunciar, y sancionar, y en eso vivimos en muchos países iberoamericanos.

Es de vital importancia tomar en cuenta este tipo de corrupción con tal ojo crítico como si se tratara de la corrupción sistémica, porque a pesar de que no está en evidencia todos los días, sabemos que existe, sabemos que carcome las raíces del estado, y hacer la vista gorda regodeándonos en realidades relativas como que España está “mejor” que muchos países de Latinoamérica es permitir que el monstruo crezca en las alcantarillas.

En este día...


Ramón

Apasionado del Conocimiento Libre y de las personas. Autor de Software Libre y Comunicación

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