Justo ahora, en el comienzo de un nuevo fin de semana, me gustaría compartir con todos vosotros una de las fábulas que más me apasionan y que, siempre que leo, me enternecen. Aunque estaré en compañía de muchos geeks —hay unas Jornadas Críticas sobre Propiedad Intelectual a las que asistiré—, quiero olvidarme un poco de tanta tecnología y tantos gadgets para compartir esta bonita fábula. Espero que podáis disfrutarla tanto como lo hago yo. Buen fin de semana a todos y todas.
En pocas palabras: esta fábula popular explica de forma simbólica por qué se dice que el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña: la Locura hiere accidentalmente al Amor y promete guiarlo para siempre.
Fábula del amor y la locura
Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos.
Cuando EL ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, LA LOCURA, tan inquieta como siempre, les propuso:
—Vamos a jugar a las escondidas.
LA INTRIGA levantó la ceja, dudosa, y LA CURIOSIDAD, sin poder contenerse, preguntó:
—¿A las escondidas? ¿Y cómo es eso?
—Es un juego —explicó LA LOCURA— en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden. Cuando haya terminado de contar, el primero que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.
EL ENTUSIASMO bailó secundado por LA EUFORIA. LA ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a LA DUDA e incluso a LA APATÍA, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. LA VERDAD prefirió no esconderse porque al final siempre la hallaban; LA SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto —en el fondo le molestaba que la idea no hubiese sido suya— y LA COBARDÍA prefirió no arriesgarse.
—Uno, dos, tres… —comenzó a contar LA LOCURA.
La primera en esconderse fue LA PEREZA, que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. LA FE subió al cielo y LA ENVIDIA se escondió tras la sombra de EL TRIUNFO, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
LA GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse. Cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: un lago cristalino era ideal para LA BELLEZA; la hendidura de un árbol, perfecta para LA TIMIDEZ; el vuelo de una mariposa, lo mejor para LA VOLUPTUOSIDAD; una ráfaga de viento, magnífica para LA LIBERTAD. Finalmente terminó por ocultarse en un rayito de sol.
EL EGOÍSMO, en cambio, encontró desde el principio un sitio muy bueno, ventilado y cómodo, pero solo para él. LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos —mentira, en realidad se escondió detrás del arcoíris—, y LA PASIÓN y EL DESEO, en el centro de los volcanes.
EL OLVIDO… se me olvidó dónde se escondió, pero eso no es lo importante.
Cuando LA LOCURA contaba 999.999, EL AMOR aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado. Entonces divisó un rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus flores.
—¡Un millón! —contó LA LOCURA, y comenzó a buscar.
La primera en aparecer fue LA PEREZA, a solo tres pasos de una piedra.
Después se escuchó a LA FE discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología, y a LA PASIÓN y EL DESEO se los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a LA ENVIDIA y, claro, pudo deducir dónde estaba EL TRIUNFO.
EL EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo: él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y, al acercarse al lago, descubrió a LA BELLEZA. Con LA DUDA resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse.
Así fue encontrando a todos: EL TALENTO entre la hierba fresca, LA ANGUSTIA en una oscura cueva, LA MENTIRA detrás del arcoíris —mentira, estaba en el fondo del océano— y hasta EL OLVIDO, que ya había olvidado que estaba jugando a las escondidas. Pero EL AMOR no aparecía por ningún sitio.
LA LOCURA buscó detrás de cada árbol, bajo cada riachuelo del planeta y en la cima de las montañas. Cuando estaba a punto de darse por vencida, divisó un rosal. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, hasta que de pronto se escuchó un grito de dolor: las espinas habían herido en los ojos a EL AMOR.
LA LOCURA no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, rogó, imploró y pidió perdón. Sin saber cómo reparar el daño, prometió ser su lazarillo.
Fue entonces, cuando por primera vez se jugó a las escondidas en la Tierra, cuando nació esta explicación:
El amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.
Moraleja de la fábula del amor y la locura
La moraleja presenta el amor y la locura como dos fuerzas inseparables. El amor queda ciego porque se entrega sin poder verlo o comprenderlo todo, mientras que la locura se convierte en su guía: representa la parte impulsiva, imprevisible y emocional que suele acompañar al enamoramiento.
Preguntas frecuentes sobre la fábula
¿Cuál es la moraleja de la fábula del amor y la locura?
La enseñanza central es que el amor no siempre actúa de manera racional ni puede anticipar todas las consecuencias. Por eso la historia afirma simbólicamente que el amor es ciego y que la locura lo acompaña.
¿Por qué el amor queda ciego en la fábula?
El Amor se esconde en un rosal y la Locura, al buscarlo con una horquilla, hiere sus ojos accidentalmente. Arrepentida, promete convertirse en su lazarillo y acompañarlo para siempre.
¿Qué simboliza la locura en el relato?
La Locura simboliza la impulsividad, el riesgo y la falta de control que pueden aparecer junto al amor. También representa el arrepentimiento y la responsabilidad de acompañar a quien ha resultado herido.